Una pequeña brisa que atisba tormenta azota mi mejilla sonrojada traspuesta. Semblante de una tarde de oscura tiniebla, de premoniciones toreras, de llantos, de rezos, de cielos e infiernos, de estampas oxidadas, de puros de viejos, de tiempos añejos, de fino bueno. De trampas y anzuelos, de pulcros sueldos. Zapatillas negras azulosas envueltas en betún; arenisca seca del albero maestrante dominguero. De pronto, suena el portón de los sustos y un miura salta al ruedo. Vente toro, toro ven. Remata y vuelve a tu ser, vuelve a correr por el redondel. Plumas de águila, pata de gallo, piel de gallina, ojos de gato, sangre de toro, petos rajados, astas y lodo, humo y cigarros; ojos entornados, bocas sangrientas, pelo alborotado, ganas de guerra. Toros bravos, puntillas y clavos, puyas, estoques, banderillas y tocados. Tarde de alimañas, leones y tigres, gladiadores, soldados, huérfanos y llantos; mirlos y vencejos, pájaros jilgueros, cornalón. ¡Un médico! Trapazos, quites, esfuerzo; ángeles, honor, fuerza, mérito.
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